Buscona de Amor

Hoy deseo compartir los claroscuros de mis últimos tiempos. Tal vez así le sirva a alguien en su propio caminar. 

Este mundo de la creencia, la espiritualidad, no sé como definirlo sin entrar en dogmas ni formatos “New age”. Porque en realidad este caminar es tan antiguo como el olvido y el olvido se remonta al momento en que el primer ser humano pisó este mundo. Así que lejos de ser moderna o parecer que estamos desvelando o solucionando la realidad más próxima de nuestros semejantes (la vida de los demás), en realidad, honestamente lo que buscamos es mejorar nuestra propia realidad, o al menos nuestra relación con ella. Nuestra vida. O quizá es así para mí. 

Sí, por egoísta que parezca. Todas, absolutamente todas y cada una de las herramientas que he utilizado, creado o investigado han surgido por mi propia necesidad al incomodarme la relación con mi propia realidad. Porque: no soy feliz, estoy triste, siento vacío, el otro me duele, papá, mamá, relaciones, enfermedades… Todo ello anhelos de Paz, Amor y Permiso para Ser. 

Hay quienes piensan que cuando te permites Ser tal cual, empiezas a Amarte y eso te da la Paz. Otros dicen que primero viene el aprender a Amarte para permitirte Ser en Paz contigo mismo y progresivamente estar en Paz con los demás. También existe la creencia que sólo cuando estás en Paz, eres capaz de Amar sin ataduras y eso te permite Ser libre. Seguramente se pueden combinar de muchas formas. Estoy segura que tú sabes unas cuantas y que como a mí, has probado varias combinaciones en esos momentos de lucidez en tu búsqueda. A día de hoy no sé cual es la combinación definitiva, si la descubro te lo haré saber, pero lo que sí me he dado cuenta es que la guerra era mía. Los demás sólo están lidiando con la suya propia. 

En el momento en que recuerdo esto, la exigencia baja, el juicio se elimina, la realidad emerge y empieza el proceso de amor en ese duelo por haberme abandonado a mi misma, empeñada en una guerra que, hacia fuera, no existía. 

Es decir, en ese querer que tú me escuches, haces lo que puedes, y mi dolor o rabia contigo porque creo que lo haces suficiente. Si me empecino en “no es suficiente”, me quedo en el bucle de la guerra externa. Mi realidad contigo me hace daño. Pero si bajo la exigencia en que me escuches más, dejo de juzgarte por no hacerlo, pues tu tienes tu propio intringulis, dejando desnuda mi herida de no ser escuchada sin ser tú el protagonista, sino mi herida real. Hete aquí que la herida suele ser de la infancia, y en su mayoría de la relación con nuestros padres. 

Vaya, los adultos con quien me relaciono no son papá/mamá, son iguales. Venga que toca relacionarse en equilibrio entre adultos iguales. Abrazar el dolor de mi niña buscona y amarme en el error de “buscona de amor” para acompañarme en paz en mi vida adulta. Luego viene el proceso de perdón y comprensión no sólo de mí misma sino también de los demás en sus “búsquedas”. 

Este es un ejemplo de un posible camino, aunque a mí hasta el momento, la ruta me ha salido en diferentes situaciones y me ha servido. Tal vez te sirve, tal vez ya lo practicas o tal vez ni siquiera tiene sentido para ti, en ese caso mi relato ha sido una confesión en voz alta.  



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