Princesa o guerrera

Hoy me he dado cuenta de que soy una romántica, así como un súbito arrollador me he dado cuenta… En mi afán por sumergirme en esta sociedad frenética, me convencí que no lo era, enfadándome con los cuentos de hadas, con los cuentos de princesas. Me forcé a ser fuerte, a que pareciera casual querer verle, me forcé a ir por delante, a pedir, a preguntar y aceptar el no como respuesta. Me da igual lo que pienses, haz lo que quieras, pero sí, a mí me gusta recibir un “buenos días”, “buenas noches”, un regalo, una sorpresa. Es muy hermoso pensar en el otro, pero también es hermoso obtener repuestas de que te piensan. Y no, no es malo echar de menos, ni tampoco reconocerlo. Saber que al dormir una de todas sus sonrisas era para mí, al igual que cuando despierta.

Pero parece que las chicas de esta época tienen que ser fuertes, solitarias y guerreras. Y estoy cansada, porque no deja de ser otra apariencia impuesta. Parece ser que seguimos volcando en nuestras sucesoras la marca de nuestras carencias, como una mano aplastante que no las dejas expresarse libremente, libre de “juicios”, de “por si acasos” y de “debierais”. Porque no sé si alguien se ha parado a pensar que quizá los cuentos de hadas, los cuentos de princesas, eran tan solo una forma de proteger a sus hijas para que imaginaran un mundo ilusorio lejos de las obligaciones del hogar, de ser cuidadoras, del hambre, de la pobreza, una forma de expresar su añoranza de ser cuidadas, amadas, acompañadas en un tiempo donde era difícil que lo fueran. Para después venir con otros cuentos, los de las rebeldes, las luchadoras, las guerreras,  aquellas que alzan la voz, las que pueden con todo y que en la soledad encuentran la mejor respuesta, quizá iniciados estos cuentos por la añoranza del aquel cuidado, amor y acompañamiento que no fue dado, en un mundo donde la injusticia seguía y sigue plausible, en un mundo donde ser sensible se torna una carrera de obstáculos. 

El caso es que siempre ha habido cuentos, de todo tipo, pero por cada cuento existen multitud de interpretaciones tantas como lectoras. Deja que te los cuenten, lo complicado se torna cuando escuchamos los cuentos de los cuentos. Permitamos que cada una lo use para sí misma, los interprete a su manera, para su propia evolución, su propia ilusión, su propio aprendizaje, o simplemente para soñar que hoy puede ser una luchadora, ayer una solitaria y mañana tal vez una princesa, pero sobretodo escucharlos para recordar que puedes ser cómo tú quieras.  

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