En Pañales

Camino por el sendero de la vida aparentando ser una más, incluso a veces quisiera ser una más, sin embargo esto no es posible. No es posible cuando en mi late un pulsión de diferenciación. Una pulsión que puede llegar a ser tan fuerte que si no la atiendo me autodestruyo. Y  es que no amigas, no hay una cosa sin la otra y ambas suceden a la vez. La singularidad pulsante de cada uno es lo que más nos asemeja, pero el hecho de atender aquello que nuestro ser/cuerpo pide nos hace sentir especiales aunque en el fondo la demanda común sea la misma. Dicho así parece un trabalenguas, un acertijo o incluso un enigma, ¿verdad? Pue del mismo modo acontece en nosotros dicho trabalenguas y el no desvelarlo nos atormenta en su enredo, que nos es más que el propio. 

Te lo explicaré de manera clara, sencilla y práctica para que te entiendas, para que me entiendas y para que puedas entender a los demás en sus enredos. Necesito que pienses uno de tus momentos más críticos que hayas tenido últimamente… ¿lo tienes? Ahora intenta quedarte solo con la emoción que te genera. Siente esa emoción en ti… algo te está pidiendo, quizá sea ayuda, atención, cariño, justicia, comprensión… Sea lo que sea tu pulsión de vida se siente quebrada y reclama algo en exclusiva para ti, para ser restaurada. 

Es decir, tu singularidad late (siempre) pero en los momentos críticos lo notamos más, brota la necesidad individual que cuando no es cubierta pulsa todavía más fuerte extendiendo la responsabilidad de cubrir esa necesidad a los demás. Y mientras más fuerte pulsa más se extiende el dolor y/o la decepción, como un bebe que llora y no es atendido. Sin embargo, cuando se nos ofrece de algún modo esa atención reclamada nos sentimos especiales aunque dicha necesidad es similar a la de todos. Necesidad que si profundizamos un poco más nos damos cuenta que en todas se encierra la necesidad de amor. 

¿Lo vas entendiendo mejor? Ahora imagínate un montón de bebes solos y llorando a la vez… Pues así estamos…

Por eso, en tus momentos críticos date cuenta que todos estamos en pañales. 

Está bien necesitar, está bien pedir… pero el ver que todos los enredos son el mismo cesa el reclamo, diluye el enredo y posiblemente tu mirada se vuelve compasiva. 

Te invito la próxima vez (que la habrá) recordar todo esto y que tu necesidad es una pulsión de amor. Ofrécetelo a ti misma y si te sientes sola sencillamente escribe, llama, queda, abraza…   sin expectativas pues seguramente el otro también te necesita y está enredado intentando atenderse. 

Esto mismo es lo que hago en mis consultas, desvelar los enredos de forma clara, sencilla y práctica a aquel que está dispuesto a deshacerlos. 

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